PUBLICACIONES NR

"ORDEN NUEVO"

Desde esta columna recordaremos publicaciones nacionalistas y revolucionarias de distintos países. En esta nueva entrega, nuestro recuerdo de la publicación chilena ORDEN NUEVO. La misma fue publicada en la década del 70 y era dirigida por Guido Poli G.

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"CARLOS ALBERTO SACHERI"

por Sergio Miranda Carrington

(Extractado de la revista ORDEN NUEVO, número 8, pag. 13, abril de 1975

Conocí personalmente a Carlos Alberto Sacheri a fines del año 1973, aunque sus escritos me eran familiares desde mucho antes. En esos días, llenos de emoción y honor para los chilenos, algunos nacionalistas argentinos y uruguayos, pertenecientes principalmente a "Paxinter" de Argentina y Azul y Blanco de Uruguay, más figuras altamente representativas de este último país, se reunieron cerca de Punta del Este, en una aislada Hostería, por cinco apretados días para analizar problemas, principalmente uruguayos, pero también comunes para todo el nacionalismo iberoamericano.

Concurrí especialmente invitado, porque había interés grande en conocer detalles de la liberación de Chile del marxismo. Creo que en pocos lugares del mundo se prodigaron más clamorosos aplausos a nuestra Junta Militar.

Recuerdo aquellos días uruguayos con emoción y gratitud. Pero, la huella más honda me produjo el conocimiento del Dr. Martín Gutierrez, joven y brillante líder del nacionalismo uruguayo y de Carlos Alberto Sacheri que encabezaba la delegación argentina. Sacheri merecería un libro y seguramente lo tendrá. Pero, más que de sus obras y de su inmensa influencia en los medios itelectuales argentinos, prefiero recordar un último domingo de aquel encuentro.

Temprano, en la mañana, partimos caminando justo por la línea donde las olas se desdibujan y mueren, esquivando más de una demasiado irregular. Durante tres días habíamos intervenido en diálogos comunes y ambos entendimos, tácitamente que teníamos mucho que hablar a solas. Fueron casi cuatro horas, hasta Punta del Este, ida y vuelta. Uno de esos diálogos apretados, en que se habla de todo y se pasa de un tema a otro sintiendo que queda una barbaridad por decir. Desde Esparta a las Encíclicas; la historia de Chile, que conocía perfectamente; las inmoralidades de Allende; el incierto futuro político de Argentina; el estado de sus Universidades; la necesidad de "repensar" el nacionalismo después de la experiencia de la Segunda Guerra Mundial; el imperativo de dominar la técnica y la economía para nuestras ideas comunes... en fin, cuando nos separamos para reintegrarnos a una reunión plenaria, nos pareció a ambos que no habíamos empezado siquiera a hablar.

En la tarde de aquel mismo domingo brillante, con un mar sereno, luminoso, que parecía irradiar sol a pocos metros de nosotros, bajo un arbol gigantesco y tendidos sobre una yerba de esas que se leen pero que rara vez existen, tuvios una nueva reunión, esta vez por inicitiva de Martín Gutierrez, quien se las ingenió para obtenernos reemplazos en nuestras respectivas Comisiones.

Martín Gutierrez es inteligencia, entusiasmo y ardorosa energía, hombre que proyecta el nacionalismo hacia el plano mundial. Ambos, Sacheri y Gutierrez con inmenso amor a Chile, con admiración que les hacía repetir constantemente que seríamos ejemplo para el mundo. La calma serenidad de Sacheri, con un ademán algo triste de alguna forma me recordaba lo que se dice de José Antonio Primo de Rivera. Ambos pensaban que Santiago de Chile debía convertirse en la capital espiritual del nacionalismo iberoamericano. Sacheri queria que se empezara instalando en Chile una Secretaría de Informaciones Nacionalista, que nos sirviera a todos los que en este continente luchamos por nuestras respectivas Patrias, para saber al menos con quien "se podía contar" en cada país.

Nos separamos ilusionados y fortalecidos, pensando que más de un cuarto de siglo de lucha nacionalista que cada uno llevaba a cuestas, no había sido en vano.

El día lunes 23 de diciembre de 1974 recibí una tarjeta de saludos de Carlos Alberto Sacheri. Decía: "Felicidad y Paz, bajo la bendición de Jesucristo y la Virgen María". Me prometí que retribuiría sus deseos con una carta larga. Esa misma tarde leí en un diario de Santiago que había sido asesinado en la mañana del sábado 21.

Algo más. Veinte días antes, su eficaz colaborador, nuestro comun amigo Raul Di Carlo, Secretario de "Paxinter" había venido a Chile. Como otras veces, conversabamos largamente en mi casa. En un momento, muy concreta y expresamente le interrogué acerca de si no temían, con la inseguridad que la vida había ido adquiriendo en Argentina, que el marxismo atentase contra la vida de Carlos Alberto Sacheri. Raúl Di Carlo contestó afirmativamente. Tomamos precauciones, aunque no muchas, dijo. Por ejemplo, nunca llegamos directamente a nuestras casas. Los que tienen automóviles los dejan a distancia. En cuanto a Carlos Alberto, él die que tiene "guardaespaldas", pero nosotros sabemos que es una ironía y que no se cuida en lo más mínimo.

Así fue. Aquel sábado 21 de diciembre, al regresar a su casa, de vuelta de misa, con su mujer y sus hijos (tenía siete) le alcanzó en plena frente un tiro del marxismo asesino. Creo que sólo contaba con 42 años.

Hubiese querido para Carlos Alberto Sacheri, figura principal del nacionalismo argentino, palabras grandiosas. Una oda de Píndaro o un discurso fúnebre de Bossuet. Tengo demasiada tristeza para ello.

Pienso en José Antonio Primo de Rivera, a quien físicamente se parecía y mucho también en el espíritu: "Para nosotros, la muerte es un acto de servicio".